Helsinki

Finlandia

Helsinki, Finlandia

Nunca había estado en Finlandia, así que bajé del avión con más ilusión, si cabe, de la habitual. Lo primero que me sorprendió fueron los letreros, escritos en finlandés y en inglés pero también en una tercera lengua con la que no era la primera vez que me cruzaba. Mi compañero en aquel viaje, que llevaba varios meses residiendo en el norte del país, me explicó que no solo el finlandés es lengua oficial allí; también lo es el sueco, debido a que un 5.3% de la población finlandesa lo tiene como lengua materna (la mayoría residentes en el archipiélago de Åland). Aún no había salido del aeropuerto y ya había aprendido algo nuevo, aquella excursión prometía. El aeropuerto al que llegué, por cierto, era el de Helsinki, en donde cogimos un tren que en apenas 15 m nos dejó en el centro de la capital finlandesa.

Helsinki fue fundada en el año 1550 por el rey Gustavo I de Suecia, con el objetivo de crear un asentamiento que pudiera rivalizar con Tallinn, ciudad situada al otro lado del mar Báltico y que por aquel entonces gozaba de gran poder gracias a formar parte de la Liga Hanseática. Y es que, en aquella época, el territorio que ahora ocupa Finlandia se encontraba bajo el dominio de Suecia, lo que duró desde el siglo XIII hasta 1809. En ese año, los rusos al mando del zar Alejandro I invadieron la zona y fundaron el Gran Ducado de Finlandia, precursor del estado finlandés que existe a día de hoy. Tres años después, en 1812, Helsinki sería proclamada capital de dicha región, y finalmente en 1829 la única universidad de Finlandia, sita en Turku, fue trasladada hasta aquí, consolidando así su importancia. Precisamente de esta época son la mayoría de edificios históricos de Helsinki, ya que durante la guerra entre Suecia y Rusia fue completamente devastada.

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Carmona

España

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Carmona, Andalucía

A escasa media hora en coche de la capital andaluza se encuentra Carmona, un sorprendente pueblo de la provincia de Sevilla que, si bien puede pasar desapercibido sobre el mapa, encierra multitud de sorpresas. Y es que pasear por Carmona es recorrer la historia de gran parte de las civilizaciones que han pasado por Andalucía; parece mentira que una localidad de apenas 28.500 habitantes albergue tanto patrimonio. Sus estrechas calles empedradas invitan no solo a pasear sin rumbo sino también a levantar la mirada y deleitarse con cada uno de sus rincones, ya sea en forma de iglesia, de palacio, o de fortificación. Tengo que reconocer que, a pesar de haberla tenido al lado durante toda mi vida, fue hace no mucho cuando descubrí todo lo que tenía que ofrecer. En esta entrada me dispongo a describir el que fue para nosotros un paseo inolvidable por uno de los pueblos más bonitos de la cuenca del Guadalquivir.

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Mosteiro da Batalha

Portugal

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Monasterio de Santa María de la Victoria. Batalha, Portugal

Al morir sin descendencia masculina el rey Fernando I en el año 1383, el reino de Portugal se quedaría sin regente y pasaría a estar durante los siguientes dos años en lo que ahora se conoce como el Interregno Portugués. El remedio propuesto originalmente a la sucesión al trono fue el matrimonio entre Beatriz de Portugal, hija de Fernando I, y Juan I de Castilla. Pero esta solución no le gustó a los portugueses, que vieron cómo dicha unión haría peligrar su independencia con respecto de Castilla, lo que generó una guerra de sucesión entre ambos reinos, el primero apoyado por Inglaterra y el segundo por Francia y Aragón.

Esta contienda llegó su fin el 14 de agosto de 1385, cerca de una aldea llamada Aljubarrota. Allí tuvo lugar una batalla en la que 6,600 soldados portugueses, comandados por Nuno Álvares Pereira, derrotaron a 31,000 hombres del ejército de Castilla dirigidos por Pedro Álvares Pereira (no, no es coincidencia, curiosamente ambos generales eran hermanos). En aquel lugar decidieron los portugueses construir un espectacular monasterio, magnífico ejemplo del gótico tardío portugués y del llamado estilo manuelino, en agradecimiento a la ayuda prestada por la Virgen María en la contienda; y es que, en medio de la batalla, el rey Juan I de Portugal hizo un voto a la imagen de Nuestra Señora de Oliveira, situada en Guimaraes. El monasterio se construyó entre 1387 y 1563, y estuvo en activo desde su fundación en el 1513 hasta la expulsión de las órdenes religiosas de Portugal en 1834. Ha sufrido varias restauraciones desde entonces pero siempre se ha respetado su arquitectura original, y es su buena conservación la que hizo que la Unesco lo declarara Patrimonio de la Humanidad en 1983, en una de sus primeras sesiones.

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Stift Stams

Austria

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Colegiata de Stams, Austria

Si bien el estado austriaco conocido como el Tirol es famoso sobre todo por sus pistas de esquí, sus cascadas y su capital, Innsbruck, la oferta cultural en las inmediaciones del valle del Eno no se queda corta y la colegiata de Stams —Stift Stams en alemán— es probablemente el mayor de sus atractivos. En algún momento mientras recorríamos la autopista A12 en dirección a Sankt Anton am Arlberg pudimos divisar hacia el sur las torres de esta abadía barroca del s. XVII, y sus característicos chapiteles bulbosos. Para visitar su interior es obligatorio hacerlo como parte de un tour guiado, y cuando llegamos aún quedaba más de una hora para el siguiente, así que aprovechamos para dar un paseo por los jardines y alrededores y así admirar tanto el edificio principal como la antigua orangerie, reconvertida en cafetería.

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Tōkyō-wan Kannon

Japón

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Kannon de la bahía de Tokio, Japón

Debían ser las 4 de la tarde cuando llegué a la remota estación de Sanukimachi, a unas dos horas en tren de Tokio en dirección al sudeste. Me encontraba en la periferia de la ciudad de Futtsu, y desde el primer cambio de tren (creo que tuve que hacer tres para llegar hasta allí) ya tuve la sensación de que por esa parte de Japón no tenía que pasar mucho extranjero de forma habitual. Uno de los cambios fue algo complicado, pero una señora (¡y sus tres hijos!) hicieron lo imposible por ayudarme. El caso es que al final aterricé en aquella parada, me bajé del tren (nadie más lo hizo), atravesé el minimalista control de salida y llegué a... a ninguna parte, aparentemente. A un lado tenía un salón de pachinko abandonado y destartalado (seguro que había vivido mejores momentos) y al otro una escueta urbanización bastante diferente de lo que acostumbraba a ver en Japón, pero mirara donde mirara ni rastro de mi objetivo.

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© Joaquín Ossorio Castillo