9 días en Grecia Atenas, Meteora y Peloponeso

Grecia Italia

Introducción

Cuando decidí viajar a Grecia durante la Semana Santa de 2019 no tenía una idea clara de lo que quería ver. Bueno, no del todo; me atraía especialmente visitar la capital, Atenas, así como los monasterios de Meteora, y si por el camino podía ver alguno de los yacimientos arqueológicos de las principales ciudades de la Grecia clásica mejor que mejor. Al final, tras pensarlo durante varias semanas, leer mucho sobre la parte continental del país, y poner todos los puntos que me interesaban en un mapa, me quedó una ruta de nueve días en coche que incluía los siguientes lugares Patrimonio de la Humanidad:

  • Templo de Apolo Epicuro en Bassae
  • Acrópolis de Atenas
  • Sitio arqueológico de Delfos
  • Meteora
  • Santuario de Asclepio en Epidauro
  • Sitio arqueológico de Mistrá
  • Sitio arqueológico de Olimpia
  • Monasterio de Osios Loukás

Se podrían haber incluido dos más, el monasterio de Dafne y los sitios arqueológicos de Micenas y Tirinto, pero como me gusta demasiado el mar decidí a última hora sustituirlos respectivamente por dos incursiones a la costa griega, el cabo Sunión y la ciudad de Nauplia. También podría haber visitado alguna de las islas del mar Egeo, ya que desde Atenas los vuelos a cada una de ellas son diarios, pero quedaron para otra ocasión. Dicho esto, comienzo la narración resumida del viaje, a medida que vaya escribiendo entradas individuales sobre los distintos lugares las iré enlazando donde corresponde. Espero que os guste y que os entren muchas ganas de hacer un recorrido similar.

Días 1 y 2

Santiago ➜ Bérgamo ➜ Atenas

Ya conocía Bérgamo de un viaje anterior, pero una de las opciones para llegar a Atenas desde Santiago implicaba hacer una escala de casi 24 horas en esta ciudad de Lombardía, y al final me decanté por ella. Primero, porque Bérgamo me encanta; y segundo, porque siempre quedan cosas por ver. A mi llegada pude dar un paseo por la città bassa o ciudad baja, que no conocía de mi anterior visita, poniendo especial atención a la llamada Porta Nuova y demás monumentos adyacentes. Al día siguiente dediqué las primeras horas de la mañana a subir a pie a la città alta para recorrer sus murallas, declaradas Patrimonio de la Humanidad en 2017 como parte de las fortificaciones venecianas del siglo XVI y XVII, así como para ver de cerca tres de las principales puertas de la ciudad. Una vez en el casco histórico repetí algunas visitas anteriores, como la Basílica de Santa Maria Maggiore, y realicé algunas nuevas, como la subida al campanone o el interensantísimo museo de historia de Bérgamo.

Aeropuerto de Santiago

Torre dei Caduti

Porta San Lorenzo

Basílica de Santa Maria Maggiore

Piazza Vecchia y Campanone

Vistas desde el Campanone

Cuando ya tocaba fui de vuelta al aeropuerto para volar a Atenas, un nuevo país me esperaba. Nada más llegar a mi destino tuve mi primer encuentro con la lengua griega moderna en los letreros del aeropuerto, pero tengo que reconocer que a pesar de mis vanos esfuerzos con el Duolingo en los meses previos poco más pasó de ahí, ya que poco a poco fui descubriendo que la mayoría de los griegos hablan un perfecto inglés. Salí del aeropuerto y me fui a los puestos de alquiler de coches, y cuando ya por fin conseguí el mío era noche cerrada, así que poco más me quedaba por hacer que poner rumbo a Atenas con el único objetivo de descansar en mi alojamiento hasta el día siguiente. Comenzaba mi aventura por tierras helénicas.

Aeropuerto de Bérgamo

Aeropuerto de Atenas

Día 3

Atenas

Atenas es famosa, entre otras muchas cosas, por el caos que habita en sus calles. Sin embargo, si queréis tener un primer encuentro tranquilo con la ciudad, os recomiendo levantaros un domingo a las 6 de la mañana como hice yo y aparecer al alba en la plaza Monastiraki; cuando volváis más tarde a esa misma plaza, tendréis la sensación de estar en un lugar completamente distinto. Desde allí comencé bien temprano mi ascensión a la Acrópolis, con el objetivo de llegar el primero (llegué el cuarto, qué le vamos a hacer, pero cuando abrieron las puertas a las 8 la tuve prácticamente para mi solo durante los primeros minutos). Allí pude ver dos de los monumentos más famosos del mundo antiguo, el Partenón y el Erecteion, junto a otros que no conocía tan bien pero que me maravillaron por igual, los Propileos y el Odeón de Herodes Ático. Una visita imprescindible que me llevó gran parte de la mañana, y que sin duda intentaré repetir siempre que vuelva a la capital griega.

Mezquita Tzistarakis y Acrópolis

Odeón de Herodes Ático

Los Propileos

Partenón

Pórtico de las Cariátides

Erecteion

Partenón

Los muros de la Acrópolis

El resto del día lo dediqué fundamentalmente a pasear, y es que Atenas se presta a ello. Pude ver el arco de Adriano, las empinadas calles del tradicional barrio de Plaka, los monumentos del ágora romana, e incluso una ceremonia de cambio de guardia bastante sentida y elaborada en la Plaza Syntagma, frente al Parlamento Helénico y a la Tumba del Soldado Desconocido. Para terminar el día fui al Museo Arqueológico Nacional, pero no sin parar antes por el camino en la plaza que alberga los edificios de la llamada trilogía de los hermanos Hansen: la Academia de Atenas, la Universidad, y la Biblioteca Nacional. Una vez en el museo, pude ver de primera mano maravillas del arte griego como la Máscara de Agamenón, las estatuas de Asclepio y Atenea Varvakeion, el dios del cabo Artemisio, o los frisos del santuario de Epidauro. Allí estuve hasta que me echaron.

Templo de Zeus Olímpico

Arco de Adriano

Barrio de Plaka

Torre de los Vientos

Iglesia de Panagia Kapnikarea

Parlamento Helénico

Tumba del Soldado Desconocido

Academia de Atenas

Máscara de Agamenón

Dios del cabo Artemisio

Estatua de Asclepio

Estatua de Atenea Varvakeion

Día 4

Atenas ➜ Canal de Corinto ➜ Epidauro ➜ Nauplia

Este día comenzaba mi recorrido por la península del Peloponeso, y qué mejor manera de hacerlo que atravesando el istmo de la misma: el canal de Corinto. Este canal une el golfo de Corinto con el mar Egeo, convirtiendo artificialmente al Peloponeso en una isla, y fue completado en 1893. Nada más llegar aparqué cerca de uno de los puentes con paso peatonal y lo crucé andando, con la buena suerte de poder ver cómo remolcaban a un barco por allí en ese momento (de media cruzan el canal de Corinto unos 30 barcos al día, en su mayoría cruceros turísticos). Antes de irme fui a la salida norte para fotografiar de cerca al mismo barco, y de paso ver el diolkos, la carretera original del s. VII a.C. por la que transportaban a los barcos pequeños cuando el canal no era más que un proyecto loco.

Canal de Corinto

Canal de Corinto

El diolkos

Desde allí fui hasta Epidauro para ver el santuario de Asclepio, hogar del mejor conservado de todos los teatros antiguos y en donde varios guías tocaban las palmas en el centro del escenario para demostrar la increíble acústica del lugar (incluso sentado en la última fila se oía perfectamente). La carretera hasta llegar allí me sorprendió mucho, ya que era montañosa pero siempre con vistas al mar, todo un espectáculo que se repetiría al día siguiente. Para terminar mi primer encuentro con el Peloponeso, estuve toda la tarde paseando por la ciudad vieja de Nauplia, una de las antiguas capitales del país y poseedora de un gran número de edificios históricos, de entre los que destaco la fortaleza veneciana Bourtzi y la iglesia de San Espiridón. En Nauplia tuve mi primer contacto real con los templos ortodoxos que pueblan el país, y es que más que estar reconvertidos en atracciones turísticas como pasaba con los del centro de Atenas, estos seguían desempeñando su función de una manera auténtica y genuina.

Bahía de Selonda

Teatro de Epidauro

Templo y abatón de Epidauro

Nauplia

Fortaleza Bourtzi

Edificio del primer Parlamento Helénico

Iglesia de San Espiridón

Estatua de Theodoros Kolokotronis

Día 5

Nauplia ➜ Monasterio de Elonas ➜ Monemvasía

Uno de los lugares que más me cautivó en aquel viaje fue el Monasterio de Elonas, situado en las montañas del interior del Peloponeso. Me quedaba de camino a Monemvasía, y decidí parar para verlo aunque el desvío por aquellas carreteras supusiera tardar el doble. Pero vaya si mereció la pena; allí clavado de una manera imposible en la roca se encontraba este lugar habitado en la actualidad únicamente por dos monjas. Un sacerdote va allí todos los días a llevarles víveres y a darles la misa junto a su ayudante, con quien tuve el gusto de conversar y que se ofreció a enseñarme la iglesia y a explicarme todos sus entresijos. Antes de irme, me convidaron con un dulce típico griego y me desearon un buen viaje por su tierra. Ese pequeño rato en aquel minúsculo y recóndito rincón del país me llenó más que todo un día en la capital, que ya es decir.

Monasterio de Elonas

Vistas desde el monasterio

Interior del monasterio

El sacerdote

Monemvasía es una postal, y un lugar tremendamente turístico a pesar de encontrarse tan apartado. Aunque alojarse en la ciudad vieja debe tener su encanto, con esas casas que parecen apilarse sobre la cara oculta de aquel gigantesco peñón, yo me quedé a dormir en Gefira, justo al otro lado del puente que une Monemvasía con tierra firme. El peñón puede parecer alto (y lo es, claro que sí) pero una visita a Monemvasía no está completa hasta que se sube a la cima de éste para ver el asentamiento primitivo, del que todo son ruinas salvo la iglesia bizantina que mira hacia los acantilados. Al volver a Gefira, me dediqué a recorrer las calles del puerto mientras atardecía y aproveché para fotografiar los barcos con el peñón de fondo. Y es que, como siempre digo (o quizá esta sea la primera vez que lo diga), nada como un pueblo marinero para dar el último paseo del día.

Peñón de Monemvasía

Iglesia de Cristo Encadenado

Faro de Monemvasía

Vistas desde el peñón

Iglesia de Santa Sofía

El peñón al atardecer

Puerto de Gefira

Día 6

Monemvasía ➜ Mistrá ➜ Templo de Apolo Epicurio (Bassae) ➜ Andrítsena

Aunque de la vieja gloria de Esparta no queda prácticamente nada, muy cerca del lugar que un día ocupó esta legendaria ciudad se encuentra Mistrá, un asentamiento escalonado hogar de las iglesias bizantinas mejor conservadas del país. Tras un amanecer inolvidable en el puerto de Monemvasía puse rumbo a este lugar, que prometía ser muy diferente de los yacimientos de la Grecia clásica que había visitado los días anteriores. Lo que más me sorprendió fue la extensión del sitio; me llevó toda la mañana visitar las iglesias y monasterios, y eso que ni siquiera subí al castillo. De todo ello me quedo con el monasterio de Pantanassa, aún en funcionamiento (vi a un par de monjas por allí saliendo a tender las sábanas) y poseedor de unos frescos sobre martirios que dan para estar allí horas analizándolos.

Amanecer en Monemvasía

Amanecer en Monemvasía

Amanecer en Gefira

Iglesia de San Demetrio (Mistrá)

Interior de la iglesia de San Demetrio

Monasterio de Pantanassa

Frescos representando martirios

Palacio de los Déspotas

Iglesia de Santa Sofía

Desde Mistrá tomé la carretera hacia la Grecia profunda y montañosa (si buscáis el templo de Bassae sobre el mapa, os daréis cuenta de que está prácticamente en medio de la nada). Al final, tras muchas curvas y algún que otro pueblo aparentemente deshabitado, llegué hasta el gigantesco toldo que protege a las ruinas del templo de las inclemencias del tiempo. Nunca olvidaré la sensación que me produjo levantar la cabeza nada más atravesar la pequeña abertura por la que se accede al interior de aquel pabellón… y creo que las fotos hablan por si solas. Desde allí fui hasta Andrítsena, el único pueblo en muchos kilómetros a la redonda en el que conseguí encontrar alojamiento, y el más auténtico de todos los que visité durante mi aventura griega. Todo un descubrimiento.

Templo de Apolo Epicurio en Bassae

Templo de Apolo Epicurio en Bassae

Rumbo a Andrítsena

Andrítsena

Cerveza en Andrítsena

Andrítsena

Andrítsena

Día 7

Andrítsena ➜ Olimpia ➜ Kalabaka

Conocer la cuna de los juegos olímpicos y de una de las siete maravillas del mundo antiguo era uno de los pocos puntos fijos de aquel viaje desde que éste comenzó a gestarse. Desde Andrítsena fui directo al yacimiento arqueológico de la antigua Olimpia, para ver lo poco que queda del estadio de las primeras olimpíadas y del otrora impresionante templo de Zeus. Este templo albergaba en su día la estatua de Zeus Olímpico, una gigantesca escultura crisoelefantina esculpida por el legendario Fidias. La estatua hace mucho que desapareció de la faz de la tierra, y del estadio no queda sino la forma y la línea de meta, pero pasear por aquella ciudad e imaginarse su grandeza pretérita fue una experiencia inolvidable. El gran descubrimiento de Olimpia fue su museo arqueológico, a la altura del de Atenas y con inmumerables piezas de gran valor. Aquel día poco más pude ver, ya que me quedaban unas 5 h de coche para llegar a la otra punta del país. Tras almorzar cerca de Olimpia puse rumbo a Kalabaka, la base de operaciones perfecta para visitar los monasterios de Meteora.

Ruinas de Olimpia

Estadio “olímpico” de Olimpia

Columnas del templo de Zeus Olímpico

Esculturas del templo de Zeus en el Museo Arqueológico

Hermes con el niño Dioniso

Día 8

Monasterios de Meteora

El día que dediqué a Meteora empezó de una manera un tanto especial. Llegué a uno de los puntos de observación casi una hora antes del amanecer y pude ver de manera fortuita algo que en mis 32 años de vida nunca me había planteado contemplar: una puesta de luna llena. Tras desaparecer ésta por el horizonte, empezó a clarear el día y poco a poco los rayos de luz fueron bañando el valle, iluminando las rocas y perfilando las siluetas de los míticos monasterios bizantinos que se erigen sobre éstas. Estuve solo prácticamente todo el tiempo, salvo un momento concreto en el que un coche apareció a toda prisa y un señor de nacionalidad china bajó de éste, cámara y trípode en mano, subió como alma que lleva el diablo hasta donde yo estaba, me saludó (aquí fue cuando descubrí su origen), hizo varias fotos aparentemente a contrarreloj, se largó corriendo, y arrancó el coche de nuevo. Visto y no visto.

Puesta de luna llena

Amanecer en Meteora

Mi fugaz compañero

Amanecer en Meteora

Amanecer en Meteora

De los seis monasterios de Meteora pude visitar cuatro, los que estaban abiertos ese día: el de Gran Meteoro, el de Roussanou, el de la Santísima Trinidad y el de San Esteban. Los otros dos cerraban ese día (cada uno tiene su propio horario, así que es conveniente informarse antes de ir para allá). Disfruté todos y cada uno de los minutos que pasé recorriendo los rincones de Meteora, incluyendo los que dediqué a subir escaleras y cuestas. Cuando me encontré frente al Monasterio de la Santísima Trinidad me sentí como 007 persiguiendo a Julian Glover en aquella película de 1981 llamada Solo para tus ojos (principal causante de que Meteora estuviera en mi primer plan de visita para Grecia desde que tengo uso de razón). Cuando ya me di por satisfecho, volví a Kalabaka, una ciudad cuyo encanto reside en encontrarse a los pies de Meteora (su principal monumento es una iglesia bizantina del s. XIII que también cerraba aquel día, no tuve suerte…).

Monasterio del Gran Meteoro

Monasterio de Varlaam

Monasterio de Roussanou

Monasterio de la Santísima Trinidad

Kalabaka desde Meteora

Meteora desde Kalabaka

Iglesia bizantina de Kalabaka

Día 9

Kalabaka ➜ Termópilas ➜ Monasterio de Osios Loukás ➜ Delfos

La historia de cómo el rey Leónidas y un ejército de 300 espartanos le plantaron cara al imperio persa al mando de Jerjes I en el paso de las Termópilas es uno de los hitos de la historia antigua que no necesitan presentación. Pero, ¿qué queda exactamente de aquella gesta? De camino a Delfos paré en la pequeña localidad de Thermopylae, cerca de en donde en su día se encontraba el estrecho paso antes mencionado. Si bien en los últimos 2500 años la línea de costa ha retrocedido unos 6 km, y aquel paso de estrecho ya no tiene nada, se pueden ver un par de memoriales dedicados a Leónidas y los espartanos y también a los tebanos que ayudaron a Leónidas aquel día (y a los que no se les suele recordar tanto). Un lugar curioso e interesante, con muchos paneles explicativos, ideal para los amantes de la historia.

Monumento a Leónidas y los 300 espartanos

Monumento a los tebanos

Desfiladero de las Termópilas

Antes de llegar a Delfos di un pequeño rodeo para visitar el Monasterio de Osios Loukás, toda una joya del arte bizantino. Los mosaicos del monasterio, la mayoría sobre fondo dorado y realizados alrededor del s. XI, son de una riqueza inigualable. Sin duda la iglesia más bonita que vi en aquel viaje (¡y dejaban hacer fotos!). Una vez en Delfos, la que pensaba sería una visita corta me llevó toda la tarde. Los paneles explicativos que pueblan toda la ciudad me permitieron imaginarme con todo lujo de detalle lo que debió haber sido aquel sagrado lugar al que los griegos veneraban ni más ni menos como el mismísimo centro del universo. Recuerdo pensar continuamente mientras paseaba por allí que si algún día inventan una máquina del tiempo, Delfos ocuparía uno de los primeros puestos en mi lista de preferencia (será por soñar…). Ah, el museo arqueológico también es una maravilla; no os perdáis la sensacinal Esfinge de Naxos y el famoso Auriga de Delfos.

Monasterio de Osios Loukás

Monasterio de Osios Loukás

Mosaico en el monasterio de Osios Loukás

Monasterio de Osios Loukás

Tholos de Delfos

Teatro de Delfos

Esfinge de Naxos

Auriga de Delfos

Vistas desde el pueblo de Delfos

Día 10

Delfos ➜ Cabo Sunión ➜ Atenas ➜ Madrid ➜ Santiago

Llegó mi último día en Grecia, y tocaba volver hasta el aeropuerto de Atenas para poner rumbo a Santiago de Compostela. Antes de devolver el coche, conduje pasado el aeropuerto un poco más hacia al sur, hasta el llamado cabo Sunión. Allí, encarando eternamente el mar, se encuentran las ruinas del Templo de Poseidón, uno de los edificios más importantes construido durante el llamado Siglo de Pericles, época de máximo apogeo en la historia de la cercana Atenas.

Templo de Poseidón

Cabo Sunión

Templo de Poseidón

Cabo Sunión

Templo de Poseidón

Aeropuerto de Atenas

Aeropuerto de Atenas

One Comment

  1. Que maravilla. Leyendo esta magnífica entrada desde luego te dan muchas ganas de visitar Grecia. Enhorabuena.

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