Flakturm IV Hamburg

Alemania

Flakturm IV. Hamburgo, Alemania

Tras haber visitado los muelles de St. Pauli y un monumento algo decadente erigido en memoria del canciller Otto von Bismarck, dirigí mis pasos hacia una extensísima explanada llamada Heiligengeistfeld, en el corazón de Hamburgo. Según había leído, aparte de como aparcamiento este terreno suele servir también como sede de todo tipo de exhibiciones al aire libre, desde circos y festivales hasta una celebrada feria local conocida como Hamburger Dom que tiene lugar tres veces al año. Pero yo no estaba allí por eso; mi verdadero objetivo se encontraba en el extremo opuesto de aquella explanada: una gigantesca mole de hormigón que se asomaba entre las atracciones que estaban montadas allí en ese momento.

Para entender la historia de aquel singular edificio hay que remontarse el año 1940. Cuando los bombardeos aliados sobre Berlín empezaron a poner en jaque a la Alemania Nazi, Adolf Hitler ordenó construir tres complejos de torres fortificadas que permitieran proteger la capital del país. Estos fortines, conocidos como Flaktürme —lit. «torres antiaéreas»—, tenían un doble objetivo: por un lado, servían como soporte de un pequeño ejército de cañones antiaéreos operados por la Luftwaffe destinados a ahuyentar a los aviones del enemigo; por otro, su inexpugnable estructura servía de búnker para que los civiles se refugiaran en su interior cada vez que hubiera un ataque.

El cuarto complejo, Flakturm IV, no se construyó en Berlín, sino en Hamburgo, la segunda ciudad más importante del país (se edificaron ocho en total: tres en Berlín, dos en Hamburgo, y tres en Viena), y fue levantado por prisioneros de los campos de concentración tras trescientos días de trabajo, allá por 1942, en la explanada antes mencionada. Conforme me iba acercando a aquel mamotreto oscuro y gris no me costó mucho imaginarme cómo tuvo que haber sido durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, ya que de lo que había visto en fotos antiguas solo faltaban los cuatro instrumentos de muerte que en su día vigilaban el cielo desde las esquinas de la azotea. Y es que, a pesar de que Alemania perdió la guerra y Hamburgo quedó prácticamente devastada, los muros de tres metros y medio de grosor de aquella mole aguantaron el fuego de incluso los cañones de mayor calibre del ejército soviético.

Lo cierto es que no esperaba encontrarme aquel lugar accesible, pero me llevé una grata sorpresa al ver que el edificio no solo estaba abierto sino que además estaba muy bien aprovechado: tras entrar pude ver que en su interior había locales de ensayo, academias de música, tiendas de instrumentos musicales, e incluso una sala de conciertos (dada la particular naturaleza del edificio, me pareció una manera muy inteligente de darle uso, en lugar de tenerlo allí abandonado). Desde lejos incluso pude ver que había sombrillas en la azotea, e intenté subir hasta allí, pero ya en lo más alto descubrí que la terraza solo abría en verano y que en aquella época las puertas de esta estaban cerradas a cal y canto y custodiadas por unas enormes cadenas.

Curiosamente, a finales de 2019 cierta cadena de hoteles decidió comprar la torre y reconvertirla en un hotel de lujo [1] (podéis ver un par de imágenes de este loco proyecto aquí y aquí). Según dice la noticia, el plan original consistía en abrir el hotel en 2021, pero eso fue antes de que diera comienzo la pandemia… En cualquier caso, el nuevo diseño no me parece demasiado afortunado; habrá que ver cual es el resultado final si es que son capaces de llevarlo a cabo.

Dirección

Feldstraße
20359 Hamburg (Alemania)
Coordenadas: 53°33’23.1″N 9°58’12.0″E

Información adicional

2 Comments

  1. Un sitio muy curioso con una tétrica historia. Menos mal que ahora parece que está mejor aprovechado. Lo del hotel no lo veo mucho.

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