Etiqueta: Diarios de viaje

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HIMEJI

Noviembre de 2016

Se conoce como Azuchi-Momoyama, o simplemente Momoyama, al período de la historia de Japón comprendido entre los años 1573 y 1603. Estas tres décadas pusieron fin a los más de ciento cincuenta años de guerra consecutivos que habían enfrentado a los diferentes daimyō de Japón, concluyendo en la unificación del país llevada a cabo por Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi, y finalizando con el establecimiento del shogunato Tokugawa. La introducción de las armas de fuego desde occidente en Japón convirtió en inservibles las edificaciones de madera que hasta ese momento habían bastado para guarecer a los dirigentes de las diferentes regiones, lo que propició una proliferación en la construcción de castillos por todo el país —se cree que se erigieron más de cien fortificaciones en estos años—. Algunos autores se refieren a este período como la «edad de oro de las fortalezas japonesas», y de entre los que han llegado a nuestros días y son considerados como Tesoros Nacionales, a día de hoy solo uno ha sido declarado como Patrimonio de la Humanidad: la «garza blanca» de Himeji.

Tras pasar unos días en Kioto, llegamos a la estación de ferrocarril de Himeji ya entrada la noche, por lo que cenamos un ramen rápido en un restaurante cercano y nos fuimos directos al hotel. Recuerdo aquel alojamiento con bastante afecto, ya que fue la primera vez que probé los famosos baños termales japoneses, una asignatura que me quedó pendiente en el primer viaje que realicé a Japón y parte fundamental de la cultura de este país. A la mañana siguiente, ya de camino al castillo, paramos en la galería Miyukidori para desayunar en la cafetería Hamamoto (はまもとコーヒー), famosa por sus tostadas con mantequilla y almendra. Acto seguido, llegamos a la entrada sur del castillo y nos dispusimos a visitar sus extensos jardines y su característico torreón.

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WARSZAWA

Abril de 2017

Capítulo I

Una de mis obsesiones viajeras más antiguas es la de poder conocer en persona a las «siete hermanas» de Moscú: un conjunto de siete rascacielos edificados en el llamado estilo gótico estalinista que se encuentran repartidos a lo largo y ancho de la capital rusa. A día de hoy sigo sin haber estado en Moscú —y viendo cómo está el panorama internacional dudo que pueda cumplir ese objetivo en una buena temporada— pero en el año 2017 tuve la oportunidad de contemplar a la conocida como «octava hermana»: el Palacio de la Cultura y la Ciencia de Varsovia.

Cuando aterricé en el aeropuerto de Modlin y cogí el autobús a Varsovia ya sabía que el punto de término del trayecto era el propio palacio, por lo que me invadía la ilusión. Sin embargo, y a pesar de las múltiples fotos que había visto del palacio iluminado, me llevé una inmensa decepción conforme el autobús iba llegando a su destino: en el lugar en el que debería haber estado el palacio no había más que una enorme silueta negra que se confundía con la oscura noche cerrada.

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BUITRAGO DEL LOZOYA

Septiembre de 2021

Introducción

La localidad de Buitrago del Lozoya se encuentra en la región norte de la comunidad de Madrid, en uno de los valles arropados por la sierra de Guadarrama. Las aguas del río Lozoya, uno de los afluentes del Jarama, circundan casi por completo su centro histórico, convirtiéndola en una población muy pintoresca. Este centro histórico, conocido simplemente como «la Villa», se encuentra delimitado por una muralla construida por los musulmanes en el siglo xi, poco antes de que la Reconquista llegara a esta zona, que aún conserva su trazado original a pesar de las continuadas restauraciones. Si bien la ciudad fue pasto de las llamas durante la invasión perpetrada por las tropas napoleónicas a principios del siglo xix, el complejo formado por las murallas, el castillo y la iglesia de Buitrago se encuentra en un buen estado de conservación y fue declarado Monumento Nacional en 1931 y Conjunto Histórico-Artístico en 1993.

Nosotros llegamos a Buitrago un sábado de septiembre, justo a la hora del almuerzo. Estábamos pasando unos días en familia por la provincia de Segovia, alojándonos en el Real Sitio de San Ildefonso, y aquel día decidimos conocer uno de esos pueblos con encanto de la comunidad de Madrid de los que todo el mundo habla. Al llegar, parecía que todos los habitantes de la capital estaban allí de excursión, y estuvimos a punto de desistir de la visita ya que encontrar aparcamiento resultaba imposible. Por suerte, al final encontramos una plaza libre bajo las murallas, a los pies del Castillo de los Mendoza, y pudimos dar comienzo a nuestra visita.

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TALLINN

Febrero de 2017

Capítulo I

Tallinn —conocida históricamente como Reval, su antiguo nombre en las lenguas germanas— es la capital y a la vez la ciudad más poblada de Estonia, la más septentrional de las tres repúblicas bálticas. La primera mención que se tiene de Tallinn, ya sea como ciudad o como lugar de gran importancia estratégica, data de principios del siglo xi, cuando formaba parte del pequeño condado de Revalia; más adelante, el Reino de Dinamarca y la Orden Teutónica vieron en Tallinn una pieza clave en el control del mar Báltico y decidieron conquistar la zona allá por 1219, durante el proceso de cristianización de los pueblos paganos del norte conocido como las «cruzadas bálticas». Si bien por aquel entonces Tallinn ya tenía consideración de importante centro cultural, su verdadera época de esplendor tuvo lugar más adelante, entre los siglos xiv y xvi, durante los tiempos de la Liga Hanseática —una federación comercial y defensiva de ciudades germanas con sede en Lübeck, en la actual Alemania—. Tallinn se afilió a la Hansa en 1285, y durante aquellos siglos fue cambiando indiscriminadamente entre manos danesas, germanas o suecas, hasta que en el año 1710, durante la gran guerra del Norte, pasó a formar parte del Imperio ruso.

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DILLĪ

Enero de 2020

Capítulo I

Delhi, India

Empiezo a escribir esto durante mi último día en Delhi, en mi alojamiento a medio camino entre el llamado Connaught Place y el templo sij Gurudwara Bangla Sahib. Es mejor que empiece a contar lo que he vivido en esta ciudad antes de que se me curen las heridas (metafóricas, que nadie se asuste más de la cuenta) que me ha dejado mi primer encuentro con la India. Esta entrada no va a ser como las demás que acostumbran a aparecer en este blog; no va a haber fotos salvo la que he puesto al principio, ni los usuales datos históricos. Todo eso ya vendrá cuando hable individualmente de cada uno de los lugares y monumentos que visité en esta ciudad.

Llevaba muchos meses leyendo sobre este país (o, más bien, se podría decir que llevaba haciéndolo toda la vida), y aunque había escuchado de todo, y las opiniones parecían estar divididas, me propuse visitarlo por libre. Con mucho respeto, más que nunca si cabe, me sentí valiente y tomé la decisión de pasar un par de semanas en Delhi, Agra, Jaipur y las localidades circundantes.