Tallinn
Capítulo I

Estonia

Tallinn —conocida históricamente como Reval, su antiguo nombre en las lenguas germanas— es la capital y a la vez la ciudad más poblada de Estonia, la más septentrional de las tres repúblicas bálticas. La primera mención que se tiene de Tallinn, ya sea como ciudad o como lugar de gran importancia estratégica, data de principios del siglo xi, cuando formaba parte del pequeño condado de Revalia; más adelante, el Reino de Dinamarca y la Orden Teutónica vieron en Tallinn una pieza clave en el control del mar Báltico y decidieron conquistar la zona allá por 1219, durante el proceso de cristianización de los pueblos paganos del norte conocido como las «cruzadas bálticas». Si bien por aquel entonces Tallinn ya tenía consideración de importante centro cultural, su verdadera época de esplendor tuvo lugar más adelante, entre los siglos xiv y xvi, durante los tiempos de la Liga Hanseática —una federación comercial y defensiva de ciudades germanas con sede en Lübeck, en la actual Alemania—. Tallinn se afilió a la Hansa en 1285, y durante aquellos siglos fue cambiando indiscriminadamente entre manos danesas, germanas o suecas, hasta que en el año 1710, durante la gran guerra del Norte, pasó a formar parte del Imperio ruso.

La tan ansiada independencia de Estonia sobre Rusia no fue lograda hasta el año 1918, siendo declarada oficialmente en Tallinn el 24 de febrero de ese mismo año (si vais a Tallinn en esas fechas, preparaos para innumerables festejos y desfiles, ya que es el Día Nacional). Pero esto no acaba aquí; durante la Segunda Guerra Mundial, concretamente en 1940, el Ejército Rojo ocupó la ciudad, y un año más tarde esta fue nuevamente ocupada por la Alemania Nazi, y de nuevo en 1944 la Unión Soviética volvió a ocupar no solo Tallinn sino las tres repúblicas bálticas al completo, en un proceso que Rusia, y solo Rusia, sigue considerando a día de hoy como una simple «anexión voluntaria». Finalmente, en 1991, Estonia recuperó por fin su independencia (aunque el último soldado ruso no abandonó suelo báltico hasta unos años más tarde, en 1998).

Como podéis ver, la historia de Tallinn y del propio pueblo estonio ha consistido en ir cambiando de «dueño» una y otra vez. Sin embargo, en contra de lo que uno se podría pensar después de tantas invasiones (y algún que otro bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial), la ciudad de Tallinn posee uno de los cascos históricos mejor conservados de Europa. No en vano, la ciudad vieja de Tallinn —en estonio, Tallinna vanalinn— fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997, compartiendo protagonismo ese año con otras maravillas como los monasterios de Yuso y Suso en San Millán de la Cogolla, el castillo de Malbork en Polonia, o la pequeña localidad austriaca de Hallstatt.

Aunque Tallinn tiene mucho que ver, su situación geográfica la presta a ser visitada junto a otras ciudades de gran importancia que se encuentran relativamente cerca: Tartu, la segunda ciudad más poblada del país, a 186 km; Riga, la capital de Letonia, a 300 km; Estocolmo, la capital de Suecia, a 380 km; San Petersburgo en Rusia, a 320 km; y por supuesto, Helsinki, la capital finlandesa, situada a tan solo 80 km al norte y separada de Tallinn por el imponente mar Báltico. Precisamente desde Helsinki llegué yo a Tallinn por primera vez, junto a un buen amigo que por aquel entonces vivía en Finlandia. Llegamos al puerto de Tallinn montados en un glorioso ferry que atraviesa el ya mencionado mar diariamente sin importar la época del año, siendo ya noche cerrada. Por suerte, nuestro alojamiento se encontraba cerca de la terminal marítima, en una calle de curioso nombre llamada Uus.


La terminal marítima de Helsinki


El transbordador antes de salir de Helsinki

Al día siguiente comenzamos nuestra visita propiamente dicha a la capital de Estonia subiendo hasta Paks Margareeta, o «Margarita la gorda», que es el curioso nombre que recibe una de las torres defensivas que forman parte del sistema de murallas de Tallinn. Se trata de una mole de piedra de 25 m de diámetro, 20 m de altura y muros de 5 m de espesor que sirve para flanquear Suur Rannavärav, la «gran puerta costera». Cuando se reestructuró el anillo defensivo de Tallinn a principios del siglo xvi se decidió poner toda la carne en el asador para que lo primero que los barcos vieran de la ciudad antes de llegar al puerto fuera esta imponente torre que en la actualidad alberga una parte del Museo Marítimo de Estonia. Como nos alojábamos entre el puerto y la ciudad vieja, este fue nuestro punto de entrada a esta. Si os fijáis, la puerta está coronada por un elaborado escudo de armas, que no es sino la Cruz de Dinamarca, el emblema secundario de Tallinn.


Calle Uus

Stoltingi torn (Torre Stolting) y Paks Margareeta

La iglesia de San Olaf y Stoltingi torn

Paks Margareeta

Energia avastuskeskus (Centro de descubrimiento de energía)

Suur Rannavärav (vista frontal)

Detalle de la Cruz de Dinamarca

Suur Rannavärav (vista trasera)

Nada más traspasar aquella puerta llegamos a los pies del templo más alto no solo de Tallinn sino de las tres repúblicas bálticas: la iglesia bautista de San Olaf (Oleviste kirik), cuya construcción se cree que tuvo lugar en el siglo xii y que ha sufrido varios incendios con sus correspondientes restauraciones. Su característica torre mide 124 m de altura, y se puede ver desde prácticamente cualquier lugar de la ciudad. Según algunas fuentes, durante los prósperos años de la Liga Hanseática la torre llegó a los 159 m, lo que habría convertido a la iglesia en el edificio más alto del mundo entre 1549 y 1625; sin embargo, historiadores actuales ponen en entredicho que la torre llegara a ser más alta de lo que es ahora. Por desgracia, no conseguimos encontrarla abierta, ya que solo se puede visitar entre abril y noviembre (incluyendo la subida a la torre), pero pudimos admirar igualmente sus puertas góticas y el chapitel de metal.

Calle Pikk

La torre de la iglesia de San Olaf desde la calle Pikk

Banderas de Estonia y Rusia en la entrada de un hotel

Old Town Hotel

La iglesia de San Olaf

La iglesia de San Olaf

Entrada principal de la iglesia de San Olaf

La iglesia de San Olaf

Muy cerca de la iglesia de San Olaf se encuentra el tramo mejor conservado de la muralla medieval de Tallinn, en donde ocho majestuosas torres —todas con nombre propio— forman una hilera que domina, junto a la iglesia de San Olaf, la mayoría de imágenes panorámicas que se tienen de esta zona desde la colina de Toompea. Esta parte de la muralla termina en Kloostrivärav, la «puerta del monasterio», edificada a finales del siglo xix por el arquitecto Wilhelm Neumann. Parece ser que en esta zona se encontraba antiguamente un convento conocido simplemente como Suur-Kloostri, el «gran monasterio», en la actualidad desaparecido por completo. La única iglesia que vimos cerca fue la iglesia de la Transfiguración (Issanda Muutmise peakirik), que no era visitable. Ah, por cierto, la puerta antes mencionada es uno de los puntos desde los que se puede subir a la muralla para recorrerla, pero nosotros esto lo dejamos para más tarde.

Plate torn

Köismäe torn y Loewenschede torn

Plate torn y la iglesia de San Olaf

Eppingi torn, Grusbeke-tagune torn y la iglesia de San Olaf

Plate torn

Callejón cerca de la muralla

Calle Lai

Kloostrivärav

Kloostrivärav

Iglesia de la Transfiguración

?

Tras dejar a un lado Pika jala väravatorn, otra de las antiguas puertas de la ciudad y que también hace las veces de torre (su nombre significa algo así como «torre de la puerta de la pierna larga» ), llegamos a una extensísima plaza dominada por la iglesia de San Nicolás (Niguliste kirik), construida en el siglo xiii y parcialmente destruida en los bombardeos llevados a cabo por la Unión Soviética entre 1942 y 1944. Fue reconstruida y se encuentra actualmente desacralizada, habiendo sida reconvertida en una de las sedes del Museo Nacional de Bellas Artes de Estonia. Yo no pude visitarla, ya que no estaba abierta el día que estuvimos allí, pero me quedé con las ganas ya que entre los tesoros de su interior se encuentra una Danza de la muerte del artista Bernt Notke, del que hablaré un poco más adelante. Otras obras de arte dignas de mención son la colección de altares góticos, una estatua de san Cristóbal de Tobias Heinze, y un gigantesco candelabro de siete brazos realizado en 1519 que se encuentra cerca de la entrada. Espero poder visitar el museo en un futuro.

Pika jala väravatorn

Calle Pikk

Rataskaev (el «pozo del gato»)

Iglesia de San Nicolás

Iglesia de San Nicolás

Iglesia de San Nicolás

Iglesia de San Nicolás

Desde allí atravesamos la plaza del Ayuntamiento, en donde no nos detuvimos mucho (ya la visitaríamos al día siguiente). Nuestro objetivo en aquel momento era llegar a la cercana Suurgild plats, la «plaza del salón del gran gremio», llamada así por uno de los edificios que se encuentran en ella. Se trata de una construcción gótica que alojó la sede principal del gremio de comerciantes de Tallinn desde 1417 hasta 1920, dotada de una escalinata de acceso y de unos característicos arcos ciegos en el hastial y que en la actualidad acoge al Museo de Historia de Estonia.

Plaza del Ayuntamiento

Plaza del Ayuntamiento

Ayuntamiento de Tallinn

Calle Pikk

Suurgild plats

Suurgild plats

Salón del Gran Gremio

En esa misma plaza se encuentra la iglesia del Espíritu Santo (Püha Vaimu kirik), y que, contra todo pronóstico, encontramos abierta. (¡Por fin podíamos visitar algo! Además, con el frío que hacía, era de agradecer estar a cubierto un rato). Se trata de una iglesia luterana del siglo xiii, pintada completamente de blanco, con una esbelta torre parecida a la del ayuntamiento y un reloj de madera muy pintoresco en la fachada norte. Originalmente formaba parte de una casa de beneficiencia que ocupaba un área mayor, pero de aquel complejo ya solo quedan como testigo la iglesia y el patio que se encuentra en la fachada sur de esta. Como curiosidad, en su interior se celebraron las primeras misas en estonio de todo el país, concretamente en 1535.


Iglesia del Espíritu Santo


Iglesia del Espíritu Santo (detalle del reloj)


Iglesia del Espíritu Santo


Iglesia del Espíritu Santo


Iglesia del Espíritu Santo (antiguo patio)

El interior es un tanto inusual, con dos naves principales que cuentan con unas galerías de madera decoradas con escenas de la Biblia. La obra de arte más importante es el altar mayor, obra del ya mencionado Bernt Notke, uno de los grandes exponentes del arte gótico tardío en la región báltica (la primera vez que me crucé con la obra de este señor fue en la catedral de Estocolmo, donde pude ver el magnífico conjunto escultórico que representa a San Jorge y el dragón). El altar que nos atañe es una pieza terminada en 1483 y cuya autoría se conoce gracias a diversas cartas en las que Notke reclamaba repetidamente el pago de esta. En la tabla central se representa Pentecostés, la venida del Espíritu Santo a la Virgen María y a los Apóstoles, y todas las figuras se encuentran en una especie de capilla. Se trata de la pieza más antigua de todo el mar Báltico en la que se representa una escena bíblica en lugar de un conjunto estático de imágenes, lo que supuso una revolución artística en la época. Cabe destacar también que la policromía del conjunto, a pesar de su antigüedad, es la original. Una obra maravillosa, una pena que no se pudiera contemplar de cerca.


Iglesia del Espíritu Santo


Iglesia del Espíritu Santo


Iglesia del Espíritu Santo


Iglesia del Espíritu Santo


Iglesia del Espíritu Santo


Iglesia del Espíritu Santo


Iglesia del Espíritu Santo (altar mayor de Bernt Notke)


Iglesia del Espíritu Santo (altar mayor de Bernt Notke)

Y hasta aquí nuestro primer paseo por Tallinn. Tras salir de la iglesia, nos dirigimos a la parte más oriental del centro histórico para visitar el pasaje de Santa Catalina, subir a las murallas y seguir conociendo la ciudad, pero eso queda ya para una futura entrada. ¡Hasta la próxima!

Escribe un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.