
Crespi d’Adda, un antiguo barrio obrero declarado Patrimonio de la Humanidad
La villa obrera de Crespi d’Adda, situada a medio camino entre Bérgamo y Milán, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1995. En aquella candidatura la describieron como el ejemplo más auténtico y mejor conservado de esos barrios de trabajadores tan importantes en el desarrollo de Europa y Norteamérica durante el siglo XIX.
Las naves de la fábrica
La iglesia y el memorial a los operarios caídos en la guerra
Se encuentra dentro de un pequeño municipio llamado Capriate San Gervasio, en la región italiana conocida como Lombardía, y fue concebida en el año 1877 por un empresario textil llamado Cristoforo Beningo Crespi con el objetivo de crear de la nada una ciudad para su fábrica y sus trabajadores. El lugar que buscó tenía que cumplir tres condiciones: estar cerca del agua, fundamental en una fábrica de tejidos de algodón (el río Adda, que le da nombre al pueblo junto a su creador, fluye justo por detrás de la fábrica), ser extenso y estar libre de edificaciones, y por último encontrarse en una región con una amplia mano de obra desocupada.
Una de las antiguas casas de los trabajadores
La antigua escuela
Aunque a día de hoy este barrio obrero se encuentra ya abandonado, hasta hace no mucho (concretamente 2004) la producción de la fábrica seguía en activo. Crespi d’Adda se convirtió desde su creación en uno de los motores más importantes de la industria del algodón en la zona durante todo el siglo XX, y fue gracias a esta longevidad que tanto las casas de los trabajadores como los edificios de la fábrica se han conservado tan bien. Eso, unido a su aislamiento de las grandes ciudades, nos ha dejado un magnífico legado de aquella época más que digno de mención en las listas del Patrimonio Mundial.
Vistas de Crespi d’Adda desde el mirador
El cementerio y el mausoleo de la familia Crespi
La interesante visita empieza en el antiguo colegio, que es donde se encuentra el centro de información para visitantes y en donde os contarán muy amablemente la historia del lugar. Aunque los edificios principales no pueden verse por dentro y la mayoría de las casas están habitadas, en un paseo por las calles de Crespi d’Adda admirando su arquitectura no deben faltar: la fábrica y sus enormes chimeneas, la villa castello (antigua residencia de los Crespi), la iglesia, los memoriales a Crespi y a los operarios caídos en la guerra, y las casas de los dirigentes y de los trabajadores.
Monumento a Cristoforo Beningo Crespi
Villa castello, antigua residencia de los Crespi
También merece la pena subir al mirador, desde el cual se puede disfrutar de una bonita vista general del conjunto, y por supuesto caminar por el cementerio, situado al final de la calle principal y presidido por el impresionante mausoleo de la familia Crespi. Curiosamente, algunas de las iglesias de la cercana Monza compartían elementos decorativos con las edificaciones de Crespi d’Adda, por lo que no sería de extrañar que los arquitectos encontrasen allí inspiración a la hora de diseñar el conjunto.

Nosotros supimos de la existencia de Crespi d’Adda gracias precisamente a la Unesco y a esos maravillosos mapas que tiene en su página web, a los cuales echo un vistazo siempre antes de organizar cada viaje. Buscamos un hueco para recorrerla entre Bérgamo y Monza, y se convirtió en una de las visitas más interesantes y memorables del viaje. Muy recomendable.







Escribe un comentario