Lugares

Segovia
Capítulo I

España

Hace muchos, muchos años —bueno, quizá no sean tantos, pero a mí me parece que ha pasado una eternidad— me embarqué junto a mis padres y mi hermano en el mayor viaje, en el sentido estricto de la palabra, que habíamos hecho hasta la fecha. En aquella aventura, germen del sinfín de rutas en coche que trazaríamos sobre el mapa de Europa en años aún por venir, fuimos a Madrid y a Segovia, y visitamos multitud de lugares que nos dejaron boquiabiertos. Hace poco tuve la oportunidad de volver a visitar algunos de los parajes de Segovia y su provincia que tanto me habían marcado en su día, pero esta vez con nuevos ojos —y con una nueva cámara que nada tiene que ver a aquella de carrete que usaba allá por el verano de 1998— para redescubrir el Acueducto, el Alcázar y el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso.

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Moní Elónis

Grecia

Monasterio de Elona, Grecia

Cuenta la tradición que dos monjes ascéticos, llamados Dositheus y Kallinikos, decidieron fundar un cenobio cerca del monte Parnon, en el interior del Peloponeso, para venerar un icono de la Virgen María atribuido al evangelista san Lucas. Durante la invasión de los otomanos, estos dieron con el monasterio y decidieron masacrar a sus monjes y destruir el lugar, que quedó en el olvido hasta que unos pastores que recorrían la ruta entre Leonidio y Kosmas vieron un objeto relucir a lo lejos en una escarpada pared vertical de color anaranjado. Aquel acontecimiento llegó a oídos del obispo de la región, y este formó una partida cuyo objetivo sería ascender hasta aquel lugar que parecía brillar con luz propia. Lo que descubrieron allí fue el famoso icono, iluminado por una lámpara de aceite dentro de las ruinas del monasterio. El cenobio fue reconstruido para cobijar de nuevo a dicho icono y el lugar fue bautizado como monasterio de Elona, en honor a la población de la que provenía aquella pareja de monjes: Elos.

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Tallinn
Capítulo I

Estonia

Tallinn —conocida históricamente como Reval, su antiguo nombre en las lenguas germanas— es la capital y a la vez la ciudad más poblada de Estonia, la más septentrional de las tres repúblicas bálticas. La primera mención que se tiene de Tallinn, ya sea como ciudad o como lugar de gran importancia estratégica, data de principios del siglo xi, cuando formaba parte del pequeño condado de Revalia; más adelante, el Reino de Dinamarca y la Orden Teutónica vieron en Tallinn una pieza clave en el control del mar Báltico y decidieron conquistar la zona allá por 1219, durante el proceso de cristianización de los pueblos paganos del norte conocido como las «cruzadas bálticas». Si bien por aquel entonces Tallinn ya tenía consideración de importante centro cultural, su verdadera época de esplendor tuvo lugar más adelante, entre los siglos xiv y xvi, durante los tiempos de la Liga Hanseática —una federación comercial y defensiva de ciudades germanas con sede en Lübeck, en la actual Alemania—. Tallinn se afilió a la Hansa en 1285, y durante aquellos siglos fue cambiando indiscriminadamente entre manos danesas, germanas o suecas, hasta que en el año 1710, durante la gran guerra del Norte, pasó a formar parte del Imperio ruso.

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Flakturm IVHamburg

Alemania

Flakturm IV. Hamburgo, Alemania

Tras haber visitado los muelles de St. Pauli y un monumento algo decadente erigido en memoria del canciller Otto von Bismarck, dirigí mis pasos hacia una extensísima explanada llamada Heiligengeistfeld, en el corazón de Hamburgo. Según había leído, aparte de como aparcamiento este terreno suele servir también como sede de todo tipo de exhibiciones al aire libre, desde circos y festivales hasta una celebrada feria local conocida como Hamburger Dom que tiene lugar tres veces al año. Pero yo no estaba allí por eso; mi verdadero objetivo se encontraba en el extremo opuesto de aquella explanada: una gigantesca mole de hormigón que se asomaba entre las atracciones que estaban montadas allí en ese momento.

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Kenroku-enKanazawa

Japón

Kenroku-en. Kanazawa, Japón

Según un ancestral tratado chino sobre paisajismo titulado Las crónicas de los famosos jardines Luoyang, del poeta Li Gefei, para que la excelencia de un jardín sea completa este debe cumplir con seis características que se suelen agrupar por parejas: espaciosidad y privacidad, artificialidad y antigüedad, canales de agua y vistas panorámicas. El nombre de Kenroku-en (兼六園), que podríamos traducir por algo así como «Jardín de los seis atributos», proviene precisamente de que a este parque de la ciudad de Kanazawa se le atribuyen todas esas cualidades —a pesar de que el mencionado poeta afirmara que reunirlas todas en un mismo lugar era imposible—, y es por ello que está considerado como uno de los Nihon Sanmeien (日本三名園, lit. «los tres grandes jardines de Japón»).

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