Categoría: Excursiones

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L’ANGLIRU

Septiembre de 2025

El Alto de l'Angliru en la Vuelta Ciclista a España 2025

El plan, al menos sobre el papel, parecía sencillo: había quedado con mi buen amigo el señor Ó. a las 9:30 de la mañana en un lugar llamado "Hotel - Albergue Mirador del Angliru", que según Google Maps estaba temporalmente cerrado pero disponía de un enorme aparcamiento. El objetivo era llegar temprano, dejar allí el coche, y comenzar el ascenso a pie hasta la cima del Alto del Angliru, para luego buscar un buen sitio en el que ver en primera fila cómo los ciclistas de la Vuelta a España 2025 se dejaban la vida escalando el que para muchos es uno de los peores ascensos de toda Europa. Desde aquel lugar había unos 8,5 km hasta la meta de la etapa, situada en lo más alto, y si bien la inclinación media lo hacía extremadamente exigente (se llega a alcanzar una pendiente máxima del 23,5% en el tramo conocido como Cueña les Cabres), todo era cuestión de subir tranquilamente, poco a poco, ya que disponíamos de más de siete horas hasta que la cabeza de carrera llegara hasta la meta.

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SAMOS

Marzo de 2025

Samos: Monasterio de San Julián y Capilla del Ciprés

En el sur de la provincia de Lugo, en uno de los valles por los que discurre el río Sarria —también llamado Oribio por aquellos lares—, se encuentra uno de los monasterios más antiguos de Galicia, cuyos orígenes se remontan al siglo vi. Está inscrito en la lista del Patrimonio de la Humanidad como parte de los «Caminos de Santiago de Compostela» y, a pesar de encontrarse a menos de dos horas en coche de la capital gallega, en estos últimos diez años nunca me había dado por ir a visitarlo. Sin embargo, hace unas semanas tuvo lugar la cuarta edición de O Gran Camiño, la vuelta ciclista a Galicia, y una de sus etapas acababa por aquella zona, en la pequeña aldea de O Cebreiro. Sirvió esto de pretexto para organizar una excursión por la región, visitando la localidad de Sarria —en donde sí que estuve en mi primera visita a Galicia, allá por el año 2000, pero de la que apenas recordaba nada— y el monasterio de Samos, para finalizar en el puerto ya mencionado en el que acababa la etapa.

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A PONTE ULLA

Marzo de 2021

Lejos parece que queda ya aquella época en la que no podíamos salir de nuestra propia provincia, ni siquiera por motivos justificados, y que cuando marchábamos de casa aunque fuera a caminar por el parque teníamos que llevar una mascarilla. En uno de aquellos días, saturado ya de casi un año de aquel confinamiento intermitente, me levanté con ganas de salir de las cuatro calles de siempre y cogí un autobús hasta A Ponte Ulla, una localidad coruñesa lindante con la provincia de Pontevedra. Había pasado en coche por allí muchas veces, y siempre me habían llamado la atención los dos prominentes viaductos que permiten salvar la garganta que el río Ulla ha esculpido a su paso por esta localidad, pero nunca me había dado por parar allí. Mi objetivo era visitar aquel lugar, acercarme lo máximo posible a los viaductos, y volver caminando hasta casa siguiendo la ruta marcada por la última etapa de la Vía de la Plata.

El autobús me dejó en uno de los cuatro puentes que atraviesan la parroquia de Ponte Ulla, el correspondiente a la carretera nacional. Desde allí tenía unas memorables vistas de la aldea, del Alto do Castro, y de los otros tres puentes. El primero, de piedra y con un arco de varios centros, estaba a poca distancia río arriba, y parecía dar a lo que era el centro de la parroquia, identificable gracias a la espadaña de la iglesia (es probable que en este lugar se encontrara el puente primitivo que diera nombre a la aldea, pero quién sabe). Más a lo lejos, podía ver casi en toda su longitud el puente de San Xoán de Cova, el más moderno de los cuatro, que es por el que el AVE atraviesa el río. Por último, ya en la lejanía, se vislumbraba el viaducto de Gundián, uno de los puentes ferroviarios más espectaculares de Galicia y el principal motivo por el que me encontraba allí aquel día.

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ARCOS DE LA FRONTERA

Diciembre de 2022

Capítulo I

Arcos de la Frontera, o simplemente Arcos, es una localidad andaluza situada en la Sierra de Cádiz. Si bien su población es de unos treinta mil habitantes, solo cuatro mil de ellos residen en su pintoresco centro histórico: un entramado de callejuelas empinadas situadas en lo alto de un espolón rocoso. La ciudad fue fundada por los romanos, que la bautizaron como Arx-Arcis, es decir, «fortaleza elevada», nombre que habría evolucionado a lo largo de los siglos hasta el topónimo actual. El apellido «de la Frontera», como en la mayoría de casos similares en la región, hace referencia a la frontera castellano-nazarí que durante varios siglos separó a los reinos cristianos del reino de Granada.

Solo los vehículos de los residentes tienen permitido el acceso al casco histórico, por lo que cuando el pasado diciembre fuimos a visitar Arcos, tuvimos que aparcar el coche algo lejos del centro, en el paseo de Andalucía, para luego tener que caminar un buen rato cuesta arriba hasta poder comenzar nuestra visita. Por el camino, al final de la calle Corredera, vimos un arco de entrada que delimitaba el punto en el que el tráfico ya no estaba permitido. Imaginad nuestra sorpresa cuando, al acercarnos, descubrimos que aquella entrada estaba hecho de cartón piedra, y que no era más que una reproducción poco fidedigna de la original, la llamada Puerta de Jerez, que contaba con tres arcos y databa de la época musulmana, pero que por desgracia fue derruida en 1852.

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BÓVEDA DE MERA

Agosto de 2022

Bóveda de Mera, Galicia

Hasta hace unas pocas semanas desconocía por completo la existencia de este lugar. Fue mi amigo Ángel quien, con una cerveza por delante en algún bar de Santiago, me habló de una aldea cerca de Lugo cuyo principal monumento es un santuario tardorromano fechado entre los siglos ii y iv: el templo de Santa Eulalia de Bóveda. Aparte de hablarme de la existencia del templo, también me comentó que en este se encuentra el arco de herradura más antiguo de la península ibérica usado como elemento estructural, levantado posiblemente entre los siglos v y vi, en tiempos de los visigodos que tanto los popularizaron e impulsaron. Acto seguido, me propuso organizar una excursión con el objetivo de conocer tan singular monumento, y allá que fuimos el día acordado.