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Puerto de IbañetaJulio de 2023

España

El puerto de Ibañeta y el Camino de Santiago

Apenas dos kilómetros después de dejar atrás Roncesvalles llegamos al puerto de Ibañeta, el punto más alto de este paso de montaña que conecta España con Francia a través de los Pirineos. Una ruta que, por cierto, ya se usaba en tiempos de los romanos, como parte de la vía XXXIV Ab Asturica Burdigalam que unía Asturica Augusta (Astorga) con Burdigalia (Burdeos). Según el Itinerario de Antonino, redactado en el siglo iii, en aquellos tiempos existía bajo el nombre de Summo Pyreneo una mansio en este lugar, que es como se llamaban las paradas oficiales en las calzadas romanas que estaban adaptadas para acomodar a viajeros de toda condición, incluso al propio emperador. No es de extrañar, por tanto, que siglos después, tras el descubrimiento del presunto sepulcro de Santiago el Mayor en Compostela —y la difusión de las leyendas en torno al caballero Roldán y la batalla del paso de Roncesvalles que ya mencioné en una entrada anterior((Tales of a Wanderer. Roncesvalles: Museo de Arte Sacro, Iglesia de Santiago y Silo de Carlomagno. Publicada el 6 de agosto de 2023.))—, este acabara convirtiéndose en el paso preferido de los peregrinos que recorrían Europa teniendo como destino la tumba del Apóstol (a día de hoy, sin ir más lejos, cada año cerca de cincuenta mil peregrinos siguen franqueando los Pirineos por el paso de Ibañeta como parte del Camino de Santiago).

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RoncesvallesJulio de 2023Capítulo II

España

La colegiata y su claustro

La Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles fue edificada a principios del siglo xiii por orden del rey Sancho VII de Navarra, con el fin de servir de lugar de enterramiento para el monarca llegada la ineludible hora. Se trata de uno de los primeros templos góticos construidos en España y, aunque ha sufrido muchas restauraciones a lo largo de los siglos, conserva en mayor o menor medida su estructura original. Como no podía ser de otra forma, finalizado el recorrido por el museo de arte sacro, la capilla de Santiago y el Silo de Carlomagno, seguimos las indicaciones de nuestro cicerone para regresar a la colegiata con el fin de explorarla por nuestra cuenta. Accediendo por el mismo sitio en el que habíamos comprado previamente las entradas de la visita guiada, nos adentramos en el claustro, un espacio de planta cuadrada conformado por cuatro galerías de arcos apuntados que, si bien se levantó poco después que la iglesia, en el siglo xiv, tuvo que ser reconstruido en el siglo xvii después de que una gran nevada provocara el vencimiento de sus cubiertas. En el centro del frío claustro se puede ver, hoy reconvertida en fuente, una pila bautismal procedente de la iglesia de San Bartolomé de Amunarrizqueta.

Por una escalera pudimos ascender a uno de los niveles superiores, lo que nos permitió observar de cerca los arbotantes de la iglesia —esos arcos exteriores tan característicos de la arquitectura gótica que permiten transferir el empuje de las bóvedas a los contrafuertes—, así como los óculos de su claristorio, que a día de hoy ya no cumplen su función original puesto que permanecen guarecidos bajo una techumbre moderna de madera. De la decoración primitiva del claustro apenas se conserva nada salvo alguna que otra hornacina vacía, y en la panda oriental destaca un vano apuntado custodiado por dos estatuas decapitadas y flanqueado por dos ventanales de similar factura, que no es sino la entrada a la antigua sala capitular, levantada a mediados del siglo xiv y hoy conocida como «capilla de San Agustín». Sin más dilación nos adentramos en aquel espacio, uno de los más espectaculares de toda la población y el que más interés me suscitaba.

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