Posts Tagged with Lugares

Laredo
Agosto de 2019

España

Poco más de un año después de aquel breve y fallido encuentro con la localidad cántabra de Laredo, tuve la oportunidad de desquitarme y de visitar en condiciones su centro histórico, conocido como «la Puebla Vieja», como parte de un viaje por Asturias y Cantabria. Como ya avancé en mi anterior entrada, Laredo tiene una conexión especial con Sevilla, mi ciudad natal, y probablemente la principal señal de este hermanamiento se encuentre en el propio escudo de armas de Laredo, en el que se reproducen unos barcos, unas cadenas, y la archiconocida Torre del Oro. Pero ¿qué representan exactamente y por qué están ahí?

Para entender esta conexión hay que remontarse a los años de la Reconquista, concretamente a 1248, cuando unos barcos comandados por el almirante Ramón Bonifaz rompieron las cadenas que mantenían unido el único puente de Sevilla, conocido como el «puente de barcas», y que cerraba el paso del río Guadalquivir, logrando así aislar la ciudad del Aljarafe y permitiendo a las fuerzas del rey Fernando III llegar a la ciudad por la vía fluvial. Los navíos usados en aquel embate fueron construidos en Cantabria, aunque no se sabe si en Laredo, en Castro-Urdiales o en San Vicente de la Barquera. Lo que sí se sabe es que estaban tripulados por multitud de marinos cántabros —incluido el propio Bonifaz—, motivo por el cual el escudo de armas de Cantabria y de las villas que contribuyeron a esta hazaña —entre las que se encuentra Laredo— portan los testigos de aquella hazaña: las cadenas del puente, los barcos que las rompieron, y la Torre del Oro.

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Najac
Agosto de 2016

Francia

Najac es un pequeño pueblo de apenas setecientos habitantes situado unos 50 km al norte de Albi, en el corazón de Occitania, famoso sobre todo por una fortaleza real del siglo xiii que se yergue sobre el resto de sus construcciones. Nosotros llegamos allí procedentes de Cordes-sur-Ciel —otro pueblo también digno de ver del que ya hablaré en otra ocasión— y aparcamos el coche en la Place du Faubourg, en donde estaba la oficina de turismo y el habitual monumento a los residentes caídos en las dos guerras mundiales. La topografía de Najac es muy curiosa: dos o tres calles que recorren paralelamente un espolón, rodeado este a su vez por uno de los meandros que el río Aveyron dibuja por esta zona. En uno de sus extremos se sitúa la mencionada plaza en la que nos encontrábamos, y en el otro, el castillo de Najac, construido por Alfonso de Poitiers —hermano del rey Luis IX de Francia— aproximadamente entre 1253 y 1266 sobre los restos de una fortaleza anterior del siglo x con el fin de aplacar las revueltas de los señores locales.

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Laredo
Mayo de 2018

España

Hace unos años, mientras volvía en coche de un encuentro matemático en Montpellier, en el sur de Francia, hice un pequeño alto en el camino para visitar Santander y algunos de los pueblos de la costa cántabra. Nunca había estado en esta región, y entre los sitios que tenía apuntados para aquella primera visita se encontraba Laredo, un lugar con una conexión especial con Sevilla, mi ciudad natal, cuyos detalles voy a dejar para una futura entrada. El caso es que cuando llegué a Laredo con la intención de aparcar cerca del ayuntamiento para así visitar el centro histórico —y en especial la iglesia de Santa María de la Asunción, donde se custodia cierto objeto proveniente precisamente de Sevilla— me encontré con que aquella tarea iba a resultar imposible: estuve bastante tiempo dando vueltas y no fui capaz de encontrar ninguna plaza libre.

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Puente Viesgo
Agosto de 2019

España

«Lo único inmutable en este mundo es el cambio, el constante movimiento. Hasta el más tranquilo e idílico de los paisajes palpita en incansable tránsito. Ahora mismo, en este instante, un mirlo acuático sale de su nido hecho de musgo y alza el vuelo. Desde el aire atraviesa sauces, plataneros, castaños y abetos del valle de Puente Viesgo. La naturaleza decora el ambiente de forma poderosa, y el vigor de árboles centenarios despliega una cadena de vida y color que embriaga el ambiente, amable y acogedor. Todavía hace frío, pero el invierno está a punto de despedirse. El mirlo, ajeno a la belleza en la que habita, se desliza con suaves piruetas por el aire. Su pequeña y rechoncha figura negra dibuja una ruta que sigue el curso del río Pas, de poco calado y aguas cristalinas. El paisaje, frondoso y ya casi primaveral, se despliega bajo su cuerpecillo como un mapa que, al abrirlo, es un sueño.»

Así empieza Los inocentes, la última novela de María Oruña, una escritora gallega que, a mi juicio, está sabiendo explotar muy bien esa satisfacción que le da a un lector volver cada cierto tiempo a personajes conocidos para seguir siendo testigos de cómo evolucionan sus vidas, a la vez que consigue traer en cada novela una historia novedosa que no caiga en los tópicos de siempre o cuyas tramas recuerden a las de las entregas anteriores; por esto, cada vez que publica algo nuevo no suelo tardar mucho en ir a comprarlo. Hace unas semanas salió a la venta este libro, el último de su saga de Puerto Escondido, y me llevé una grata sorpresa al comenzarlo y descubrir que casi toda la acción ocurría en una localidad cántabra que pude visitar con mis padres hace unos años: Puente Viesgo. Inevitablemente, mientras lo leía reviví el paseo que dimos por aquel pueblo al atardecer, como punto final de una de las jornadas que pasamos recorriendo Cantabria en el verano de 2019, y me he decidido a escribir un poco sobre este lugar.

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Warszawa
Abril de 2017
Capítulo II

Polonia

En diciembre de 2008 visité por primera vez la ciudad de París, y uno de los lugares que más me llamaron la atención de la capital francesa fue el cementerio de Père Lachaise, rebosante de tumbas de personajes ilustres. Una de las personas que estaba allí enterrada y cuya tumba me cautivó más fue la de Frédéric François Chopin, célebre compositor de música clásica que, a pesar de lo que pueda parecer por su nombre y su lugar de descanso final, no era francés sino polaco, natural de una aldea cercana a Varsovia llamada Żelazowa Wola, y su nombre de nacimiento era Fryderyk Franciszek Chopin (su padre sí que era francés —un emigrante llegado a Polonia en 1787—, de ahí su apellido). La tumba era más o menos austera, sobre todo comparada con otros mausoleos cercanos, pero muy elegante, y estaba decorada con la efigie del compositor y una escultura de Euterpe, la Musa de la música.

Tras aquella visita, me dio por leer sobre aquel lugar y descubrí que, si bien el cuerpo del compositor seguía allí enterrado, su corazón fue extirpado y trasladado a Polonia en 1850, un año después de su muerte, como parte de las últimas voluntades de su primitivo propietario. Como no podía ser menos, apunté aquel dato en mi mapa con el fin de visitar algún día el lugar en el que se custodia el corazón de Chopin: la iglesia de la Santa Cruz de Varsovia.

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