Visita guiada por el Trinity College
Unos minutos antes de que diera comienzo la visita guiada por el Trinity College me pudo la impaciencia y me adentré en una especie de portería para preguntar por el punto de encuentro, en donde me dijeron que se encontraba allí mismo, bajo el arco de entrada, y que era cuestión de tiempo que apareciera un tal Robert para llevarla a cabo. Muy agradecido volví sobre mis pasos hasta donde me habían indicado, y no mucho después apareció un simpático señor ataviado con un bombín y una bufanda multicolor que resultó ser el guía. Tras pasar lista y preguntarnos por nuestras nacionalidades se dispuso a contarnos la historia de aquel college, el que más dotación económica poseía de toda la Universidad de Cambridge y también el que ha alojado a más premios Nobel, con un total de treinta y cuatro. Entre sus miembros pasados se encuentran filósofos como Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, matemáticos como G. H. Hardy y Srinivasa Ramanujan, físicos como James Clerk Maxwell, Ernest Rutherford y Niels Bohr y, por supuesto, el polímata Isaac Newton, que pasó la mitad de su vida residiendo en este complejo.
Isaac Newton y el manzano
Isaac Newton es, probablemente, el miembro más distinguido de la historia del Trinity College, y antes de empezar a hablarnos de cualquier otra cosa nuestro guía ya lo mencionó y nos contó que tuvo sus aposentos allí mismo, sobre la portería, y que, según afirma una de las muchas leyendas que lo rodean, no le gustaba lo más mínimo que hubiera alumnos o profesores conversando bajo su ventana. Newton fue, entre otras cosas, un renombrado químico —o más bien alquimista—, y por lo visto solía lanzar los residuos de sus experimentos desde su ventana para ahuyentar a los que lo molestaban. No hace mucho se realizó un estudio en el jardín bajo su antiguo despacho para ver qué había de verdad en dicha historia, y se encontraron restos de sustancias químicas, algunas de ellas peligrosas. Un jardín en el que, por cierto, se puede ver también un manzano, plantado en 1954 a partir de un brote del árbol junto al cual Newton tuvo su célebre revelación de la ley de la Gravitación Universal tras observar cómo se desprendía una de sus manzanas y se precipitaba contra el suelo. El árbol original, datado por dendrocronología en algo más de cuatrocientos años, se puede ver todavía junto a la casa natal de Newton en Woolsthorpe-by-Colsterworth, en el condado de Lincolnshire.
La Gran Puerta de entrada y el origen del college
Antes de adentrarnos en los terrenos del college propiamente dichos, nuestro guía nos llevó de vuelta a la calle para que pudiéramos contemplar en toda su magnitud la Gran Puerta que sirve de entrada principal, en la cual destaca una estatua del fundador, Enrique VIII, cobijada dentro de un nicho. Lo primero que nos pidió fue que nos fijáramos bien en la estatua y le dijéramos si veíamos algo raro, a lo que algunos contestamos que llevaba una especie de colgante que no parecía pegarle mucho. Efectivamente, se trataba de una medalla olímpica de oro —o, mejor dicho, una réplica—, emplazada allí para honrar a la deportista Imogen Grant, antigua alumna del college que consiguió dicha distinción en las pruebas de remo —concretamente en la modalidad de doble scull ligero— durante los Juegos Olímpicos de París 2024, pocos meses antes de mi visita. Aparte de la medalla, también nos llamó la atención el cetro que portaba el monarca, que parecía un poco «cutre» en comparación con el resto. Por lo que nos contó, es una especie de tradición que tiene su origen a principios del siglo xx, cuando varios alumnos del college, a modo de broma, sustituyeron el cetro original por la pata de una silla, y cada vez que se coloca uno nuevo vuelve a ocurrir lo mismo. Durante algunos meses de 2023, con motivo de la coronación de Carlos III de Inglaterra y de su septuagésimo quinto cumpleaños, se celebraron varios eventos en el Trinity College para honrarlo, ya que este había estudiado allí también, y para la ocasión se realizó un nuevo cetro dorado para la efigie de Enrique VIII. Sin embargo, finalizados los festejos, este fue guardado en una vitrina que se puede ver cerca de la entrada, y fue sustituido una vez más por una pata de silla para que no volviera a pasar lo de siempre, así al menos tenían el nuevo cetro controlado.
En realidad, Enrique VIII fundó el Trinity College, pero su intención inicial era arrebatarle los edificios y las tierras a la Universidad de Cambridge, por tratarse de una institución vinculada al catolicismo. Sin embargo, su sexta y última esposa, Catalina Parr, lo persuadió para que en lugar de eso fundara un nuevo college en Cambridge, con el fin de ganar adeptos para su causa y también imponer su nueva doctrina religiosa dentro de la universidad. Para ello, en el año 1546 tomó dos colleges ya existentes —Michaelhouse y King’s Hall— y los fusionó en uno solo, que bautizó como Trinity College en honor a la Santísima Trinidad, dogma central de la recientemente instaurada fe anglicana. Uno podría suponer, sabiendo esto, que la extensa emblemática situada bajo la estatua en el centro de la fachada estaría relacionada con el mencionado monarca, pero se trata en realidad del escudo de armas de Eduardo III de Inglaterra —que estuvo involucrado en la fundación del King’s Hall allá por 1373— flanqueado por los blasones de seis de sus vástagos —en total tuvo ocho hijos y cinco hijas—. Entre la heráldica de su prole destaca la de su primogénito, Eduardo de Woodstock, que se ganó el apodo de «Príncipe Negro» durante la Guerra de los Cien Años por la lobreguez de su armadura y por la brutalidad de la que hizo gala en el campo de batalla —su escudo cuenta con tres argénteas plumas de avestruz sobre fondo negro junto al lema «Ich dien» (yo sirvo), y se encuentra enterrado en la Catedral de Canterbury, bajo un magnífico mausoleo que espero poder ver algún día—. También llama la atención la de su segundo hijo, Guillermo de Hatfield, que pereció con pocos meses de vida antes de que le fueran otorgadas armas, de ahí que su escudo aparezca completamente blanco junto a la divisa latina «Demortuus infans» (fallecido en la niñez).
Great Court, el jardín central
Tras aquella primera explicación nos adentramos en el recinto conocido como Great Court, el patio cerrado más extenso de Europa —o eso afirman algunos autores—, y desde el que se accede a la mayoría de estancias del college. Nuestro guía nos llevó al centro del mismo, junto a una impresionante fuente, y nos habló de la historia y arquitectura de todos los edificios que podíamos ver desde allí, empezando por la fachada occidental de la Gran Puerta de entrada, que por este lado en lugar de a Enrique VIII tiene a su nieto, el rey Jacobo I de Inglaterra, flanqueado por su esposa Ana de Dinamarca y por el segundo de sus hijos varones, el futuro Carlos I. Por lo visto aparecen emplazados en este lugar porque el trazado actual del patio data de la época de Thomas Nevile, maestre del Trinity College entre 1593 y 1615, lo que coincidiría con los reinados de Isabel I y Jacobo I. Fue en esta etapa cuando se derribaron buena parte de los edificios originales del King’s Hall y del Michaelhouse, los dos colleges que sirvieron de base para el Trinity, y se levantaron los actuales, contribuyendo al remozado del complejo. La fuente junto a la que nos encontrábamos también data de aquella época, construida concretamente entre 1601 y 1602 —aunque renovada a principios del XVIII—, y cuenta con un fastuoso templete octogonal sostenido por columnas jónicas que culmina en una especie de corona calada.
La Torre de la Reina
Desde allí nos dirigimos al extremo sur del patio para contemplar de cerca la llamada Torre de la Reina, construida en 1597. Como mencioné en el párrafo anterior, el trazado actual del recinto se realizó a finales del reinado de Isabel I y continuó durante el de su hijo Jacobo I; pues bien, aquí tenemos a Isabel I, vigilándolo todo con su —esta vez sí— cetro dorado (o más bien lo vigila la persona que reside tras ella, porque en la ventana junto a la efigie se vislumbra un trípode con una cámara apuntando hacia el patio… un poco extraño). Bajo la estatua se pueden ver tres escudos de armas, siendo el central no el de la reina sino el del Trinity College (los otros dos no he conseguido identificarlos). Justo a la derecha de la torre se encuentra la subida a una de las escaleras que llevan a los aposentos de los miembros del college, concretamente a los correspondientes a la letra «P». Nuestro guía nos contó la curiosidad de que cuando el actual rey de Inglaterra, Carlos III, estudiaba aquí, sus estancias se encontraban allí mismo, y que siempre existió el cachondeo de que lo pusieron allí por la «P» de «príncipe».
La Torre del Reloj
Tras esta simpática anécdota Robert nos llevó al extremo norte del patio para visitar la capilla, no sin antes detenernos a contemplar la Torre del Reloj, cuyo verdadero nombre es Puerta del Rey Eduardo. El motivo de ambos apelativos es relativamente obvio: por un lado, en el centro de la torre tenemos una escultura de Eduardo III, que como ya dije fue fundador del King’s Hall, uno de los precursores del Trinity College —de hecho, esta puerta era la antigua entrada al recinto del King’s Hall—, y que aparece representado de una forma, cuanto menos, curiosa: portando una espada con tres coronas ensartadas en ella (una alegoría del hecho de que Eduardo III, no contento con reinar sobre Inglaterra, también clamaba soberanía sobre Escocia, Francia e Irlanda). Por otro lado, sobre dicha estatua se emplaza un imponente reloj, instalado originalmente en 1610 aunque renovado en sucesivas ocasiones desde entonces, la última en 1910. Existe una tradición muy antigua, llamada Great Court Run, que consiste en intentar darle la vuelta corriendo al patio del college en el tiempo que tarda el reloj en dar las doce (lo que le lleva de media entre 43 y 45 segundos, ya que suena dos veces como veremos más adelante). Este evento aparece inmortalizado en la magnífica película Carros de fuego, aunque, si bien la escena en cuestión discurre teóricamente en el Trinity College de Cambridge, en realidad fue rodada en el patio central del Eton College, cerca de Windsor.
Nuestro guía aprovechó la ocasión para contarnos un par de curiosidades sobre la antagónica relación entre el Trinity College y su vecino, el St John’s College, ambos fundados durante la primera mitad del siglo xvi. Una rivalidad que comenzó, probablemente, cuando Enrique VIII, fundador del Trinity, mandó ejecutar a John Fisher, cofundador del St John’s, por negarse este último a aceptar la nueva doctrina anglicana. En una de las renovaciones del reloj, llevada a cabo en el siglo xviii por Richard Bentley —maestre del college por aquel entonces y antiguo alumno del St John’s—, este pasó a dar el doble de campanadas por cada hora, una configuración que sigue activa en la actualidad (primero tocan unas campanadas leves y agudas, y acto seguido suenan otra vez, pero esta vez más graves y altas, por eso le lleva tanto tiempo dar las doce). Cuenta la tradición que la universidad le negó al St John’s el derecho a tener reloj propio, por encontrarse demasiado cerca del Trinity, y que Bentley, en deferencia a su alma mater, decidió que el reloj marcara la hora dos veces: una por el Trinity y otra por el St John’s (otros dicen que el motivo por el que suena dos veces es para recordarle al St John’s cuál de los dos es el mejor college, porque fue la propia universidad la que dispuso que el reloj debería situarse en el más relevante de los dos complejos). En cualquier caso, y sea cual sea la motivación original, nuestro guía nos confesó que él también trabajó en el St John’s, y que a su juicio es más bonito y tiene más cosas que ver que el Trinity. Una pena que no estuviera abierto durante las fechas en que estuve allí.
La capilla
Finalizado el recorrido por el patio, a través de un pórtico victoriano nos adentramos en la capilla, construida entre 1554 y 1567 en un estilo que refleja la transición entre el gótico perpendicular y el Tudor. Está compuesta por dos estancias bien diferenciadas —la antecapilla y la capilla propiamente dicha—, y en la primera de ellas lo primero que nos llamó la atención fue una escultura de mármol de Isaac Newton que parece dominarlo todo (como dije al principio, Newton es probablemente la figura más prominente de entre las que han residido en este complejo desde su fundación, y el lugar que ocupa en esta sala de alguna forma lo demuestra). La escultura en cuestión fue realizada en mármol en 1755 por el escultor francés Louis-François Roubiliac, que usó como modelo una máscara mortuoria del susodicho —Newton falleció en 1727—, y lo representa en la última etapa de su vida (una imagen muy diferente de los retratos de su juventud que se suelen usar para acompañar sus biografías). En sus manos se aprecia el famoso prisma triangular con el que Newton estudió la descomposición de la luz solar en diferentes colores, y en el pedestal se puede ver la lapidaria inscripción «Qui genus humanum ingenio superavit», que podríamos traducir como «el que sobrepasó a la raza humana con su intelecto».
La escultura de Newton se encuentra acompañada de varias figuras sedentes de otros miembros célebres del college, como el filósofo y estadista Francis Bacon, el historiador Thomas Babington Macaulay, o el teólogo y matemático William Whewell. En las fotos podéis ver también que tras ella hay un mural repleto de nombres —384 en total— que no es sino un memorial a los miembros del college fallecidos en la Segunda Guerra Mundial, sobre el que se emplaza una cita del Primer libro de los Reyes: «Pro muro erant nobis tam in nocte quam in die» (eran para nosotros como un muro, tanto de noche como de día). La capilla en sí tuvimos que contentarnos con observarla desde el coro, y desde allí apenas alcanzábamos a divisar a lo lejos el altar mayor, compuesto por una pintura del arcángel san Miguel derrotando al demonio —realizada por el pintor angloamericano Benjamin West en 1768— y por un templete neoclásico de madera de mediados del siglo xviii. Me hubiera gustado detenerme un poco más en esta estancia para fotografiar las vidrieras, pero apenas nos dejaron tiempo para visitarla.
El Gran Salón
Después de la capilla toca hablar del Gran Salón, que, construido en 1604, es otra de las construcciones a las que se accede desde el patio central. Se trata del mayor comedor de toda la Universidad de Cambridge, y está inscrito en el registro nacional de edificios históricos, pero en ese momento se encontraba en obras, tanto por fuera como por dentro, y lo que nos enseñaron fue una sala provisional que hacía las veces de refectorio mientras acababan los trabajos en el de verdad. Se podían ver varios cuadros del original decorando el salón auxiliar, pero salvando ese detalle apenas pudimos hacernos una imagen del auténtico, que debe ser impresionante, ya que ocupa todo el volumen del edificio andamiado que se ve en la foto y está dotado en su interior de una techumbre de madera con vigas jabalconadas y puntales arqueados para reforzarla.
Nevile’s Court
Cruzando hasta el otro lado del edificio del Gran Salón llegamos a Nevile’s Court, el mayor de los claustros de los que está compuesto el college, dotado de varias escaleras por las que se accede a las habitaciones de algunos de los miembros del Trinity, tanto profesores como estudiantes (en una de las fotos se observan en una placa los nombres de los residentes en una de ellas, y el piso en el que se encuentran los aposentos de cada uno). Mientras nos encontrábamos allí, nuestro guía nos recordó que no estaba permitido pisar el césped en todo el complejo, prohibición que se aplica a todo el mundo excepto a los profesores, y justo en ese momento apareció uno de ellos, a quien Robert le rogó que nos concediera el gusto de ver a alguien caminando sobre este. El amable señor, tras cumplir el deseo del guía, se paró después a hablar con nosotros y nos confesó que no le gustaba lo más mínimo pisar el césped, por mucho derecho que tuviera, ya que le parecía casi un crimen hacerlo viendo lo cuidado que estaba.
Newton y la velocidad del sonido
Una anécdota muy interesante relativa a este claustro es que Newton usó una de sus pandas para realizar la primera medición conocida de la velocidad del sonido. Poniéndose en un extremo del pasillo, golpeó el suelo con uno de sus pies y, ayudado por un pequeño péndulo ajustable, midió el tiempo que tardaba en escuchar el eco producido por el sonido de su zapatazo tras recorrer toda la galería, rebotar en el extremo opuesto, y volver hacia él (un tiempo que estimó en ~0,42 s). La velocidad computada por Newton, traducida al Sistema Internacional de Unidades, fue de 298 m/s, tras aplicar los cálculos descritos en su trascendental Philosophiæ Naturalis Principia Mathematica —concretamente, en la proposición XLIX del segundo libro—, cometiendo un error a la baja del 15% con respecto al valor real de 343 m/s que se obtendría en la actualidad en unas condiciones similares a las que él realizó el experimento (la velocidad del sonido no es constante, y depende tanto de la temperatura como del medio por el que se propaga). Teniendo en cuenta las herramientas con las que contaba en aquella época —algunas de su propia invención—, y el hecho de ser el primero en atacar semejante problema, su medición es toda una proeza y abrió el camino para los estudios posteriores sobre el tema que realizaron Pierre-Simon Laplace y Marin Mersenne, entre otros.
Despedida
Sobre la galería occidental de este claustro se encuentra la biblioteca del college, una de sus estancias más espectaculares, pero en ese momento Robert, en lugar de guiarnos hacia las escaleras, abrió una enorme reja por la que salimos a los jardines traseros que se encuentran junto al río Cam, y nos preguntó si nos había gustado la visita. Siendo la biblioteca una de las estancias que más interés me suscitaban, entré en pánico (?) y le pregunté que por qué no se visitaba, a lo que me respondió que no estaba incluida en la visita guiada y que si quería verla estaba abierta al público todos los días de 12 a 14. Aquello me frustró y descolocó completamente, primero porque ese mismo día podía haber ido a verla antes de la visita guiada, y segundo porque al día siguiente pensaba ir a Ely y a King’s Lynn. No me quedaba otra que hacer números para ver si me daba tiempo de ver la biblioteca en mi tercer y último día en aquellas tierras sin perder el avión de vuelta. ¿Lo conseguiría?
Continuará…
Bibliografía
- John Willis Clark. Cambridge, brief historical and descriptive notes. Seeley, London, 1890 [archivo]
- Robert Willis. The architectural history of the University of Cambridge, and of the colleges of Cambridge and Eton. Cambridge University Press, 1886 [archivo]
- Trinity College Cambridge [archivo]
- Trinity College Chapel [archivo]
- Caroe Architecture » CAL achieves Listed Building Consent for works to the Great Hall at Trinity College, Cambridge
- The Mountain Mystery » Newton and the Speed of Sound [archivo]
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